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LA SOLEDAD ULTRAMODERNA

13 de Marzo de 2009

Y en el mundo de las identidades frágiles cada vez se implanta con más fuerza la soledad. El flujo incesante de elementos conformadores de la subjetividad deja ver el vacío. Una inmensa soledad asoma ante quien sumerge la cabeza en las aguas que hay bajo una superficie de frágiles trozos. O permaneces saltando frenético entre los restos flotantes de la superficie, o te hundes en el abismal océano de la soledad. Pues ninguno de los trozos flotantes de identidad tiene algo de consistencia, ya no. Es el mundo de la abundancia, una abundancia para camuflar la soledad. La familia, la profesión, la nacionalidad, ya no nos constituyen, hemos roto todos esos contratos, pues, también eran aparentes, con algo más de consistencia, pero aparentes al fin y al cabo. Sin embargo, no los hemos remplazado por constituyentes más consistentes, sino menos: cosas, muchas cosas, muchos zapatos de colores, plateados, coches, ropa, restaurantes cool, ordenadores, móviles, lo más moderno, cosas que expresan mis ideales de liberación, de reconocimiento, de vitalidad, salud, potencia sexual, etc.

El individuo ha liberado el deseo, un deseo que no identifica claramente y que, sin embargo, es insaciable. La única tranquilidad nos llega si nos dejamos llevar por un permanente estado de hedonismo, buscamos placeres efímeros, momentos de placer, esta es la verdadera naturaleza de nuestros actos de consumo.

Y sin embargo, cada día somos más, más famosos, más actores, más escritores, más artistas,… más mediocres. Ya nadie puede destacar. Somos una multitud anónima, compuesta por individuos aislados y fríos, desvinculados de toda responsabilidad, buscando, suplicando reconocimiento. Películas y anuncios, muestran a seres solitarios, absorbidos por un monólogo interior, indiferentes al paisaje que atraviesan, centrados en su búsqueda de placer.

Hoy más que nunca, la soledad nos amenaza, los bancos han cerrado el flujo del dinero, ya no podemos seguir gastando, eso significa, que ya no podemos seguir renovando nuestra subjetividad, nuestro yo se hunde con la ropa, los zapatos, el coche y el ordenador del año pasado, un sentimiento de frustración, de angustia… ¡Esta crisis no es sólo económica!

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