¡DECRECIMIENTO! / ¿DECRE…QUÉEE?
24 de Marzo de 2009Ayer se publicó en el web de EL PAIS un artículo de Nicolas Ridoux, que llevaba por título “por una vida más frugal”. Pasé ilusionado copia del artículo a algunos socios y amigos de ACRAC. A continuación reproduzco algunas partes del artículo en cuestión. Comienza: “En el origen de la grave crisis actual hay una nueva manifestación de la desmesura, de la búsqueda infinita de omnipotencia. Las empresas y entidades financieras han estado persiguiendo obtener unos beneficios en crecimiento perpetuo. En esta búsqueda incesante del “cada vez más”, los mercados existentes no bastaban, y hubo que crear mercados incluso donde no existían. Las consecuencias de todo ello en la economía real serán por desgracia de amplio alcance, y afectarán especialmente a los más débiles… Debemos abandonar la ideología productivista, que está desconectada del progreso humano y social. Se trata de utilizar los beneficios obtenidos para que todos puedan trabajar moderadamente. Eso es lo que pretende el movimiento del “decrecimiento”, que propone una crítica constructiva, argumentada, pluridisciplinar, de rechazo de los límites que constriñen nuestras sociedades contemporáneas, para así poder liberarnos de ese “cada vez más”. La filosofía del decrecimiento trata de explicar que en muchas ocasiones “menos es más”.” Y luego se pregunta si la actual crisis tiene algo que ver con ese decrecimiento que propone: “¿Qué es exactamente lo que está ocurriendo en nuestros días? No estamos padeciendo una crisis sino un conjunto de ellas: crisis ecológica (energética, climática, pérdida de la biodiversidad, etcétera); crisis social (individual y colectiva, aumento de las desigualdades entre las naciones y en el seno de las mismas, etcétera); crisis cultural (inversión de valores, pérdida de referentes y de las identidades, etcétera); a lo que ahora se añade la doble crisis financiera y económica. Todas ellas no son crisis aisladas, sino más bien el resultado de un problema estructural, sistémico: cuyo origen está en la desmesura, en la búsqueda obsesiva del “cada vez más”… Que nadie se equivoque, porque decrecimiento no es sinónimo de recesión. Tal como escribí hace más de dos años: “No hay que elegir entre crecimiento o decrecimiento, sino más bien entre decrecimiento y recesión. Si las condiciones ambientales, sociales y humanas impiden que siga el crecimiento, debemos anticiparnos y cambiar de dirección. Si no lo hacemos, lo que nos espera es la recesión y el caos”. Ahora hemos entrado en recesión, pero que nadie se confunda, no en una sociedad de “decrecimiento”. Para empezar, no hemos cambiado nuestra organización social, y en la actual organización todas las instituciones y mecanismos redistributivos se nutren de la idea del crecimiento. En una sociedad así, cuando el crecimiento falta, la situación es inevitablemente dramática. El decrecimiento es algo totalmente distinto. Significa crecer en humanidad, esto es, teniendo en cuenta todas las dimensiones que constituyen la riqueza de la vida humana.” Un cita del Presidente de mi querida Bolivia: “En un mundo de recursos limitados, las cosas no pueden crecer de manera indefinida. Por eso, “la objeción al crecimiento” habla de la necesidad de compartir, el regreso de la sobriedad, en particular para aquellos que sobreconsumen. Hacemos nuestras estas palabras de Evo Morales, presidente de la República de Bolivia, que el 24 de septiembre de 2008 afirmó en la Asamblea General de las Naciones Unidas: “No es posible que tres familias tengan rentas superiores a la suma de los PIB de los 48 países más pobres (…) Estados Unidos y Europa consumen de media 8,4 veces más que la media mundial. Es necesario que bajen su nivel de consumo y reconozcan que todos somos huéspedes de una misma tierra.” “La filosofía del decrecimiento hoy dice que debemos trabajar menos para vivir mejor. No tener la mira puesta en el poder adquisitivo (que a menudo es engañoso y reduce al hombre a la única dimensión de consumidor), sino buscar el poder de vivir. Se trata de cambiar la actual organización de la producción y repartir mejor el trabajo: utilizar los beneficios obtenidos para que todos trabajen moderadamente y todas las personas tengan un empleo. Esta reorganización debe ir acompañada de una revisión de las escalas salariales. No es aceptable que algunos empresarios ganen varios centenares o miles de veces más el salario de sus propios trabajadores.” Y concluye: “Devolver el protagonismo a la persona, restaurar el espíritu crítico frente al modelo dominante del “cada vez más” y abrir el debate sobre nuestra forma de vivir y sus límites, saber tomarse tiempo para mantener una relación equilibrada con los demás, ése es el camino que propone la filosofía del decrecimiento. Se trata de sustituir el crecimiento estrictamente económico por un crecimiento “en humanidad”. Es una tarea estimulante, un desafío que merece la pena intentar.”
A continuación reproduciré una de las mejores respuestas de un buen amigo, y ahí queda la propuesta de debate: “¿Decre.. qué? Este cambio tan radical de actitud ante la vida económica y social, lo predico yo mismo desde que soy pobre. Traduce “pobre” a que en ocasiones no tengo ni para comer bien, no digamos para vestir o para garantizarme un alojamiento. ¿Increible? Años atrás nunca me hubiese imaginado que se puede llegar a estos extremos, perteneciendo a un segmento social, como el que se supone que me corresponde y me ampara. A pesar de que, básicamente, dedico mi tiempo a subsistir, algunos días me asombro de los pocos recursos que soy capaz de conseguir por mi mismo: no estaba preparado para vivir así, careciendo de lo básico ¿te suena a película? Además, mi origen burgués-barcelonés sólo me sirve para teñir de un modo más dramático la enorme diferencia que hay entre mis espectativas y mi realidad. He llegado a este punto, decreciendo. No hace falta ser muy brillante para entender la idea de que el equilibrio perfecto lo detentaría únicamente un Dios. Intenta imaginar un dios, si no tienes tu propio referente. La humanidad, como cualquier ser vivo, siempre competirá en su seno para alcanzar posiciones de supremacía. Esto es consecuencia de no vivir en un “paraiso”, donde todo abunda y la vida es siempre amable. En nuestro mundo, cada día es distinto al anterior, por lo que las necesidades son siempre cambiantes; ante esto, realizamos un ejercicio -automático- permanente de previsión para acumular cosas -lo que sea- para superar periodos de carencia. Las hormigas o las ardillas son un ejemplo tán válido como cualquier otro. Los homínidos no somos distintos. Si trabajo menos, para disfrutar más, resulta que entonces me tachan de “vago”. Además, no obtengo un rendimiento “adecuado” a lo que se espera de mi. Entre esto y que Decrecer, conceptualmente, conduce a cero..veo difícil que los que más ganan actualmente se apunten al carro de esta teoría. Es muy fácil decrecer pero es tan vicioso como crecer. Si consigues liberarte de la presión social (por ejemplo viviendo en el campo) cada día necesitas menos. Cómo soy nómada (tres dias aquí, cuatro allí..) hoy vivo únicamente con el contenido de una maleta llena de ropa; con la foto de mis padres y mis hijas y con un saco de dormir. Tengo un coche que está pendiente de un embargo de hacienda (¿qué mas da?), un teléfono móvil y una cuenta corriente en la Caixa, vacía, claro. Todas las demás “propiedades” que tengo (y no utilizo) ocupan un metro cúbico de un garaje. Realmente ¿para necesitamos tanto? Te lo diré: por si acaso. Acaso es frio o calor; es lluvia o sol; es cansancio; es miedo; es soledad; es la enfermedad y es dolor; son los hijos; quizá los nietos; son los amigos; ¡las necesidades de los amigos!; Acaso es la tranquilidad; es la música. Es la necesidad de descansar. Imaginemos un momento maravilloso en que todos los hombres y mujeres del planeta nos ponemos a cantar la canción de “coca-cola” y trabajamos unidos por un mundo mejor, un planeta más saludable y una actitud social más igualitaria.. ¿Realmente consigues visualizar una colaboración sostenida entre el quinqui del barrio (o un ex-militar rumano, un obeso granjero de Ohio, un puto judio radical o una niña prostituta de Namibia..) -trabajando codo a codo con ¿Sting? por un futuro limpio y feliz? ¿Repartirá Sting (o Madona, o Blair, o la Reina de Inglaterra..) sus propiedades a sabiendas de que no necesita casi nada de ello para vivir? En suma, opino que es tan fácil predicar el decrecimiento como el amor libre: es una utopía, una imagen preciosa, insostenible y embarazosa. Revolución. Yo creo ciégamente en una revolución venidera. En el caos, la tristeza y la oscuridad como vehículo del cambio. Lamentablemente la solución no llegará con buenas palabras, llegará con la Guerra y la imposición. Llegará con el sufrimiento de muchos .. A no ser que comiences esta misma tarde a repartir lo que tienes (como Sting y Aznar.. ) para que este mundo sea ¿mejor? ¿Me llamarás esta misma tarde para cederme un 10% de tu trabajo? (y 10% de tu sueldo, claro) ¿qué tengo que hacer? ¿cuando empiezo? ¿estás seguro de que una parte de tu trabajo la podría realizar alguien como yo?.. Utopia. Es muy fácil predicar, con el ejemplo, de los demás. Está muy bien esta teoría del decrecimiento: soy su principal exponente: trabajo menos -compartiendo mi trabajo con terceros- y disfruto más ¡pero tengo siempre el culo al aire! Además: ¿quién está autorizado para establecer cuales son tus necesidades, las mías o las del vecino..? Dudo por ello que se llegue a implantar un decrecimiento pactado (ni gradualmente, ni globalmente) La humanidad tiende al colapso por egoismo, avaricia y vanidad. Bueno, ja en tinc prou! me voy a “decrecer” un poco más: voy a dar un paseo mientras recojo piedras curiosas y cristalitos de colores, en la -ahora solitaria- playa de T**. Déjate de ostias, crece y multiplicate.. a este paso pronto te pediré limosna y tu te sentirás generoso y feliz al dárme, cariñosamente, unos céntimos de mierda.”

